Me encanta viajar, y lo hago cada vez que puedo. Nunca estoy más activa, ni más despierta que cuando estoy de viaje, especialmente en el extranjero. No he tenido la oportunidad de hacerlo hasta que no empecé a ganar mi propio dinero (excepto, y gracias a mis fabulosos padres, dos viajes para estudiar idiomas y el viaje de Paso de Ecuador cuando estaba en la Universidad).
He descubierto que soy bastante hábil para organizar viajes, y no me importa mirar páginas y páginas web hasta encontrar el vuelo más barato y el hotel limpio más cerca del centro. Me encantan las guías y los documentales de viajes y me quedo embobada mirando un plano. De manera que cuando llego a la ciudad elegida, me resulta muy fácil orientarme. Me gusta especialmente viajar por Europa. A ver: viajo para disfrutar, y por ello me gusta visitar a nuestros parientes ricos. No soy de los que van de turismo a países como Mali, India, donde hay gente que lo está pasando tan mal. Llamadme superficial o lo que queráis, pero yo no puedo disfrutar de mis vacaciones si dos calles más allá de mi hotel hay gente que sufre tantísimo. Soy muy impresionable. Me gustan además las ciudades: patear el centro de la ciudad de arriba a abajo, conocer museos, restaurantes y centros comerciales. No me va tanto el turismo rural, ni la playa, ni la aventura. Quiero ver gente, y edificios, y coches. De vez en cuando me pica el gusanillo de viajar, y hasta que no hago un viajecito, aunque sea de dos días, no para y no estoy tranquila. Ahora que las cosas no están para tirar cohetes, me tengo que aguantar, y viajar menos y más barato, aunque lo que yo pienso es: no me lo gasto en tabaco, ni en hombres, ni en ropa, ni siquiera en bares... ¡pues me lo gasto en libros y en viajar!
El último viaje que hicimos fue una escapada en noviembre a Francfurt: tres días por unos 600 euros. Nos encanta Alemania, y ya conocemos bastantes ciudades. Pero ya tengo el gusanillo dando la tabarra desde hace bastante. Quería haber ido a Estambul esta Semana de Pascua, pero a mi marido le han rechazado su petición de vacaciones. Nuestra única esperanza, de aquí al verano, de hacer un viajecito sería algo corto, de tres días, y que se pudiera organizar en muy poco tiempo. Pero no se me ocurre dónde ir. ¿Dónde me aconsejáis?
Como ya os mencioné en la entrada anterior, estoy reorganizando la biblioteca: marco cada libro con un sello con mi inicial, le pongo una etiqueta con su signatura y lo introduzco en una base de datos que he preparado en OOo Base. Pero me lleva muchísimo tiempo, sobre todo porque a veces, cuando tengo un libro entre las manos, no me puedo resistir a releer alguno de mis pasajes favoritos. ¡A este ritmo no acabaré nunca! Mientras tanto, tengo el suelo lleno de pilas de libros sin clasificar y sin devolver a su estantería. Mi marido me va a matar y con toda razón. Ahora tengo en mi regazo un libro de Mario Benedetti Despistes y franquezas, que me regaló mi profesora de literatura en COU (para los que no conozcan en anterior sistema educativo español: el Curso de Orientación Universitaria, el último curso antes de acceder a la Universidad). Fue la profesora que despertó mi curiosidad por la literatura hispanoamericana, especialmente por Julio Cortázar, cuyos cuentos leí de una sentada hasta que casi alteraron mi percepción de la realidad. Y Benedetti, a quien conocí a través de este libro. En Despistes y franquezas el escritor uruguayo recopila algunos de sus cuentos y poemas. Me gustan particularmente los cuentos, algunos de los cuales son muy breves, y por lo general sorprendentes. Os copiaré uno aquí, elegido precisamente por su brevedad y su capacidad para sorprender; mi favorito, Pacto de sangre, no lo voy a copiar por ser bastante largo, pero os lo recomiendo si tenéis oportunidad.
San Petersburgo El marciano llegó en una nave reducida, casi portátil, algo así como un Volkswagen del espacio. Además de su propia lengua, sólo hablaba inglés, pero no el de la BBC sino el de Shakespeare, o sea que a cada rato decía thou en lugar de you. Cuando la cápsula de bolsillo aterrizó en Piccadilly Circus, fue inmediatamente rodeado por 20 curiosos y 130 periodistas. El viajero abrió la ventanilla de la minúscula nave y asomó su cabeza, que para asombro de los presentes no tenía apenas antenas sino una boina casi vasca. Entonces señaló a uno de los periodistas (Bob Peterson, del Manchester Guardian) y le dijo a quemarropa: Vengo con poco, poquísimo tiempo. Busco cierto juguete antiguo, de unas dos pulgadas de largo, un carrito de bomberos con un letrerito que dice Birmingham Fire Brigade, y, que según un catálogo de Miller´s Antiques Price Guide, estaba en venta en una sucursal de San Petersburgo. Es urgente, muy urgente. ¿Queda muy lejos San Petersburgo? Unos 75 años, dijo el periodista, sin perder su flema. Muchas, muchas gracias, dijo el marciano. Cerró rápidamente (realmente, estaba apurado) la ventanilla, y de inmediato la cápsula empezó a elevarse y en pocos segundos se borró en la niebla londinense.
Como estoy otra vez en paro, tengo energías para dar y regalar. Eso y que se me cae la casa encima. Así que además de retomar mis dos blogs con muchas ganas y mucha ilusión, tengo la cabeza llena de proyectos. Por ejemplo: veo mis estanterías repletas de libros y chuminadas apilados sin ton ni son. Y junto a ellas, dos baldas extra de IKEA que compré para añadir a las estanterías. Pues ya me ha entrado el gusanillo y voy a reorganizar mi biblioteca. Me estoy planteando clasificando los libros según el sistema CDU, que es el que siguen las bibliotecas (las de verdad, no como la mía) de medio mundo, con algunas modificaciones para adaptarlo a mis necesidades. Por ejemplo, me interesa diferenciar entre libros de bolsillo y de tapa dura. Para los que no lo conozcan, el sistema CDU se basa en clasificar los libros en categorías ya establecidas e identificadas con un número:
Se trata de una clasificación decimal, de manera que cada categoría se subdivide en otras diez, y cada una de ellas de nuevo en diez, abarcando así todos los campos posibles. Por ejemplo, ¡Pues vaya!, libro que he comentado anteriormente, llevaría la siguiente signatura: 821.111-3 wod que se explica: 8 Lenguaje. Lingüística. Literatura 821 Literatura 821.11 Literatura en otras lenguas germánicas. Historia y crítica. Obras. 821.111 Literatura en lengua inglesa. Historia y crítica. Obras. 821.111-3 Literatura en lengua inglesa. Novela y cuento. A lo que añado wod por el apellido del autor. En caso de tener otras novelas del mismo autor, iría añadiendo un -2, -3... y así sucesivamente. Éste será seguramente el sistema que utilice la biblioteca más cercana a vosotros, bastante sistemático y más sencillo de lo que parece a simple vista.
¿Qué os parece mi proyecto? ¿Cómo lo harías vosotros? ¿Alguna sugerencia?
Biblioteca de Éfeso. La mía es más modesta, pero mejor conservada. La foto ha sido cedida por Trenti.
He corregido el título del libro que me hizo reír tanto: se llama Luna llena, me equivoqué de fase lunar. El mismo día que escribí la entrada y lamenté no recordar quién tenía mi libro, fui por la tarde a casa de mi madre. Y buscando otra cosa encontré en una estantería... ¡sí! Exactamente, mi libro favorito de Wodehouse.
Hola gente. Sí, ya sé que he desaparecido durante muchos días sin decir nada, pero ésa es la magia del blog. No tener que rendir cuentas. Y ahora vuelvo, como dicen los cursis, con fuerzas renovadas. Ando un poco tristona, así que buscando algo para animarme, he redescubierto en mi biblioteca un libro que, si no me arranca carcajadas, al menos consigue sacarme siempre una sonrisa. Se trata de ¡Pues vaya! Lo mejor de Wodehouse. Para los que no conozcan al gran P.G. Wodehouse, aclararé que se trata de un escritor británico que en lugar de intentar crear obras trascendentales, que profundizan en el alma humana, se dedicó a escribir libros francamente divertidos. Os diré que soy devoradora compulsiva de libros, que los libros me han hecho llorar, reflexionar, sentirme bien, sentirme mal... pero muy pocos me han hecho llorar de risa: que yo recuerde, solamente Ibañez con Mortadelo y Filemón y Wodehouse con alguno de sus libros, por ejemplo Luna llena (por cierto, recuerdo haber prestado este libro a alguien hace años pero no sé a quién... ¡mecachis!).
Wodehouse se especializó en retratar la alta sociedad inglesa de la época de entreguerras, poblada de vividores y "lechuguinos", casi todos perfectamente estúpidos, y sin embargo, entrañables. Entre sus personajes destacan Jeeves y Wooster, o los excéntricos habitantes del castillo de Blandings, especialmente el señor del castillo y su grandiosa cerda (sí, sí, su cerda). Recientemente se ha editado una antología, ese Pues vaya que tengo entre las manos. Os copio aquí el fragmento que le da nombre:
-¡Pues vaya! -dije. -¡Pues vaya! -dijo Motty. -¡Pues vaya!¡Pues vaya! -¡Pues vaya!¡Pues vaya!¡Pues vaya! Después de lo cual pareció bastante difícil proseguir la conversación.
¿Otro ejemplo? Aquí tenéis un fragmento de conversación entre Bertie Wooster, un lechuguino miembro del Club de los Zánganos, y su mayordomo Jeeves, experto en solucionar los problemas de su joven señor y del resto de sus amigos, tan simples y alocados como él:
- Nunca oí hablar de él. ¿Le suena a usted ese nombre, Jeeves? - Estoy familiarizado con el apellido Bassington-Bassington, señor. La familia Bassington-Bassington cuenta con tres ramas: los Bassington-Bassington de Shropshire, los Bassington-Bassington de Hampshire y los Bassington-Bassington de Kent. - Inglaterra parece bien nutrida de Bassington-Bassingtons... - Tolerablemente, señor. - Vamos... que no hay riesgo de que se produzca una repentina escasez, ¿verdad?
A principios de los noventa, se adaptaron algunas de estas historias de Jeeves y Wooster a la televisión, en una serie de 23 capítulos. Los dos protagonistas estaban interpretados por dos actores muy populares en la televisión británica, menos conocidos entonces para el resto de mortales: Stephen Fry y Hugh Laurie.En España se emitieron en algunos pequeños canales en versión original, y así es como conocí yo a Woodehouse. La adaptación es muy buena, e incluso se da el lujo de introducir algo que no estaba en las novelas: las canciones al piano de Wooster.
Será por eso que el prólogo de la antología está escrito por Stephen Fry...
Me la voy a jugar. Es posible que en los próximos días encuentre un menor número de seguidores en la ventanita ésa a la derecha de mi pequeño blog. O es posible que alguno me lea y me malinterprete y se decida a seguirme esperando algo más que lo que voy a decir. Pero a mí hay cosas que ya me están hinchando las narices: estoy harta de manipulaciones y tergiversaciones, de quien habla por hablar y de quien critica siempre: si haces, malo, si no haces, peor. Pero ya dije hace tiempo que mis blogs son una manera de ahorrarme la psicoterapia, son mi válvula de escape, y que en ellos iba a decir lo que me diera la real gana. Y si alguien se molesta, es libre para añadir comentarios, si lo desea, o libre para irse. No soy una católica muy cumplidora. Soy rebelde, tirando a escéptica y me fastidian los excesos sentimentaloides de la Semana Santa y la imaginería religiosa y el arte sacro. Cuando me ofrecen acercarme a un grupo de oración, de pastoral, de acción cristiana, salgo corriendo. Desconfío de las casas en las que en el salón me encuentro una gran Biblia abierta. En la mía no hay siquiera crucifijos. El anterior Papa no contaba con todas mis simpatías. Pero mira tú por dónde, el actual Papa me cae bien. Quizá porque es una mente privilegiada, racional, un erudito capaz de argumentar con habilidad increíble. Igual parezco un poco fría, pero el camino más rápido hacia mi corazón pasa por mi cerebro. Hay muchas ideas de la Iglesia católica con las que no estoy de acuerdo, y que critico y criticaré siempre; pero antes de hacerlo, me informo.
Por eso me indigna la polémica que ha surgido respecto a las palabras sobre el SIDA de Benedicto XVI. Cuando leí los titulares, pegué un brinco en el sofá: "¡no es posible que haya dicho eso!¿En qué estará pensando este hombre!". En serio, no podía creerlo. Y rebuscando, rebuscando ("arrebuscando" como dirían en mi tierra) encontré las palabras completas del Papa. Resulta que no se trata de una declaración institucional como se insinúa, ni de un comunicado. Se trata de una respuesta bastante larga a una pregunta de un periodista durante el viaje en avión, y ni siquiera la pregunta era si se debía o no usar condón. Cortopego aquí el texto completo:
"Pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el SIDA , es precisamente la Iglesia Católica, son sus movimientos y diversas realidades. Pienso en la Comunidad de San Egidio que hace tanto, que se ve y que no se ve, en la lucha contra el SIDA, pienso en los Camilos, en todas las monjas que está a disposición de los enfermos… Yo diría que no se puede superar este problema del SIDA sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si los africanos no se ayudan, no se puede resolver el problema con la distribución de preservativos: al contrario, el riesgo es que el problema aumente.
La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero una humanización de la sexualidad, esto es una renovación espiritual y humana que lleve a un nuevo modo de comportarse unos con otros, y segundo, una verdadera amistad sobre todo para las personas que sufren, la disponibilidad, también con sacrificios y con renuncias personales, a estar con los que sufren.
Estos son los factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por esto diría que esta doble fuerza de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza interior y humana para un comportamiento justo en relación con el propio cuerpo y el del otro, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer presentes en las situaciones de prueba. Me parece que esta es la respuesta justa, y es lo que hace la Iglesia, ofreciendo así una contribución grandísima e importante. Damos gracias a todos aquellos que lo hacen".
Dentro de la discutible idea cristiana de evitar la promiscuidad, no me parecen unas palabras tan escandalosas. Efectivamente, el problema del SIDA en África no se soluciona con el reparto de condones. Si así fuera, se habría arrinconado la enfermedad hace muchos años, puesto que esa política es la que se lleva siguiendo desde hace mucho. Hace falta educación sexual, hace falta erradicar ciertas prácticas (¿sabéis que en muchos pueblos africanos se cree que el SIDA se cura violando a una virgen? Evidentemente, sin condón).
Antes de que alguno ponga el grito en el cielo y pregunte qué saben los curas de estos temas, os recordaré que en la Iglesia hay curas, monjas, frailes y muchos seglares. Y también que aquí el Papa no ha descubierto América: la OMS y UNAIDS, que es el organismo de Naciones Unidas que se ocupa en exclusiva del problema del SIDA recomiendan los siguientes métodos profilácticos: el retraso en la iniciación sexual, abstinencia, fidelidad a la pareja, reducción de las parejas sexuales, circuncisión (cágate lorito) y sí, uso correcto y constante de preservativos masculinos. En el mismo informe se recalca la necesidad de una educación sexual adecuada, aunque casi más que sexual, deberíamos decir social: igualdad entre hombre y mujer. Entonces, al Papa no le falta razón al decir que el problema no se soluciona repartiendo condones, sino trabajando en contacto con la gente, educando comportamientos sexuales, y no dejando de lado a los enfermos. Lo que sí le falta es decir que, si no vas a ser ni casto ni fiel, te pongas un condón... pero tampoco lo condena. Quizá en otro post escriba sobre los intereses económicos que pretenden mantener el statu quo en África en la política, la economía, la sociedad y también en la salud... No sé, otro día.
Gracias a Facebook (sí, tengo un perfil en Facebook: ¿os creíais que tenía dos blogs y no estaba en una red social?) he descubierto unos anuncios absolutamente tronchantes. No serán ninguna novedad para nuestros amigos del otro lado del charco, pero aquí en España no son tan conocidos. Según he leído en algún lado, tuvieron tanto éxito que la empresa anunciante los suprimió porque las llamas se hicieron más famosas que el producto que anunciaban.
Supongo que entre las risas, no se oía bien el nombre de la compañía.
Os pongo un par de anuncios de La llama que llama que he encontrado en YouTube.
Y éste es mi favorito:
Tuve que hasserlo...
Hay muchísimos videos, porque se estuvieron emitiendo durante varios años. He descubierto un compañero blogero que los ha colgado todos en su página. Si es que cuando la publicidad se hace bien, no te dan ganas de hacer pis cuando llegan los anuncios (porque, que lo sepan los ejecutivos de publicidad: cuando hay anuncios, todos aprovechamos para ir al baño).